La Fundación También cumple este 2025 un cuarto de siglo desde su creación, un camino que su presidenta, Teresa Silva, ha visto transformar radicalmente las oportunidades para que las personas con discapacidad puedan practicar todo tipo de deportes. Silva subraya que su entidad nació como “un proyecto de vida” y no como “un capricho”, una visión que ha guiado su trayectoria desde sus inicios.
El origen de una pasión y un compromiso
Teresa Silva, natural de Madrid, sufrió a finales de los años 80 un accidente que la dejó en silla de ruedas. Deportista de corazón desde siempre, aquel percance en 1989 ocurrió mientras entrenaba con la selección española de parapente. Tras pasar nueve meses ingresada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, regresó a una realidad muy distinta.
“He sido una deportista desde que tengo uso de razón, pero tras el accidente sólo podía practicar deportes como tenis de mesa, baloncesto o natación, muy diferentes a mis anteriores pasiones como esquiar, navegar o montar en bici”, recuerda Silva. Fue entonces cuando descubrió que en Estados Unidos existía el esquí adaptado sentado, aunque en España era una práctica inexistente y complicada de acceder.
El nacimiento de la Fundación También
La oportunidad llegó cuando monitores estadounidenses visitaron Sierra Nevada para el Mundial de Esquí, preparando la estación sin barreras arquitectónicas. “La primera mañana que probé el esquí adaptado ya estaba esquiando sola. Fue un antes y un después. Ahí nació la idea de compartir esa sensación de libertad con otras personas con discapacidad y crear algo para animarlas a practicar deporte”, explica Teresa Silva.
Tras colaborar con asociaciones y superar el escepticismo inicial, decidió fundar la Fundación También. “No fue fácil, tardé dos años en ponerla en marcha y empezamos a funcionar en 2000. La dotación inicial ya era costosa y ahora lo es mucho más”, comenta. Su primer objetivo fue dar visibilidad al esquí alpino adaptado, formando un equipo de exhibición y competición que tuvo un éxito rotundo, lo que impulsó la aceptación social del proyecto.
Una labor de vida con apoyo y desafíos
“Mi padre, que también fundó varias entidades, me advirtió que esto era una labor ardua y un proyecto de vida, no un capricho, y me apoyó.” Teresa Silva recuerda que aunque no fue un camino fácil, la aceptación fue mejor de lo esperado y siempre creyó firmemente en el deporte como herramienta de inclusión social para personas con discapacidad.
“Antes del accidente no estaba concienciada sobre la discapacidad; fue un aprendizaje personal y profundo. Practicar deporte toda mi vida me dio la fortaleza para enfrentar esta nueva etapa. La sociedad también ha cambiado mucho, especialmente en la eliminación de barreras arquitectónicas, aunque queda mucho por hacer”, afirma.
Impacto y visión de futuro
Silva se siente orgullosa de cómo la Fundación ha transformado la vida de muchas personas en estos 25 años. “Ver la felicidad, las sonrisas y carcajadas, especialmente de los niños y sus familias, es una gran satisfacción. Hemos puesto especial énfasis en normalizar la práctica deportiva conjunta para ellos, porque son el futuro”, destaca.
Una de las piedras angulares de su filosofía es la inclusión real, rechazando cualquier tipo de “gueto”. “Quiero que personas con y sin discapacidad convivan y practiquen deporte juntas. Tengo amigos sin discapacidad con quienes esquío y practico otros deportes, y siempre he luchado por normalizar esa convivencia”, indica.
Competición, formación y apoyo al talento emergente
La Fundación También ha ido creciendo y respondiendo a la demanda de deportistas que, tras encontrar en el deporte una vía de superación personal, quieren competir y entrenar. “He sido siempre muy competitiva, por eso entiendo a quienes quieren esa oportunidad y les damos alas para volar”, señala Teresa Silva.
Entre sus talentos destaca Audrey Pascual, acogida por la Fundación desde niña, que participará en los próximos Juegos Paralímpicos de esquí alpino con opciones reales de medalla. Silva pide que no se presione a la joven atleta: “Es muy joven y con mucha carrera por delante. Queremos que compita sin la presión añadida y hemos pedido a la Real Federación Española de Deportes de Invierno que mantenga un ambiente lo más ‘ligero’ posible para ella”.
En cuanto al personal, aunque encontrar monitores especializados es un desafío, la Fundación cuenta con entrenadores de alto nivel y un valioso equipo de voluntarios que realizan una labor desinteresada fundamental, especialmente para la alta competición.
Mirando hacia las Bodas de Oro
Con la vista puesta en 2050, Teresa Silva confía en que el deporte para personas con discapacidad esté “absolutamente normalizado”, consolidando así el legado de un proyecto que comenzó hace 25 años con la ilusión de cambiar vidas a través del deporte y la inclusión.

